Juanita

Entrevista de personalidad

Luis Astudillo

Andrea Martínez

Gringa de nacimiento pero venezolana por decisión, Janeth Buchholz durante cincuenta años se ha dedicado a estudiar la historia y costumbres del país que se volvió su hogar y su refugio. Ha dedicado 10 años a enseñar sobre el tema en la Universidad Católica Andrés Bello, sede Guayana.

Juanita
Juanita Buchholz en su oficina en la Biblioteca Central de Ucab Guayana

Más de un estudiante la ha visto trastabillar por los pasillos, almorzar en el cafetín en medio de una tertulia o enterrarse en un cerro de libros en su pequeña oficina en la biblioteca de la Universidad Católica Andrés Bello, sede Guayana (Ucab). Janeth Buchholz conocida popularmente como “Juanita” es una abuelita regordeta, blanca y pecosa, con una sempiterna sonrisa en su rostro, que dejó de lado sus raíces yanquis para luchar por una mejor vida en los pueblos, ciudades y barrios de otras latitudes.

Movida por las palabras de John F. Kennedy “no os preguntéis qué puede hacer vuestro país por vosotros. Preguntaos qué podéis hacer vosotros por vuestro país”, Juanita empezó a prepararse para dar un aporte significativo a su nación y generación; en medio de esa búsqueda y de esa furia –como ella misma dice– por hacer algo dirigió su mirada al sur, a Latinoamérica y sus necesidades.

De Chicago a Barquisimeto

A raíz del discurso de Kennedy, toda una generación, incluida Juanita, al darse cuenta que su país estaba bien o por lo menos en mejores condiciones que otros, se vio en la necesidad imperiosa de hacer algo por los demás. Es así como nacieron programas de voluntariado como el “Cuerpos de Paz” promovido por el gobierno de los Estados Unidos, y otros por la Iglesia. “Yo estaba en un Catholic College y se conectó con un grupo que se llamaba Voluntarios del Papa y era un contrato de tres años de servicio en una parroquia en América Latina. Y una gente que yo conocí se metió en eso y yo me metí en eso”, agrega Buchholz.

En agosto de 1965, Juanita llegó a Maiquetía. Amante de la lectura y la historia, inició una cacería de libros que la ayudarían a conocer y entender qué había pasado aquí. Aunque era bien difícil conseguir libros en ese entonces –cuenta ella– nunca dejó de leer, tuvo incluso que conformarse con las novelas de Corín Tellado en los días que no había más opciones. Leyó Doña Bárbara y las vivencias de esta terca y brava mujer, se transformaron en la sabrosa taza de té de Juanita.

En su afán por conocer la historia venezolana solicitó que le recomendaran libros, lo que luego recordaría como su peor error. El primero de los dos libros que le exhortaron a leer fue “el bodrio” de Eduardo Blanco Venezuela Heroica leyó dos capítulos y más nunca lo volvió a abrir– y el segundo, en palabras de Juanita, “era tan malo o peor”.

Finalmente consigue la obra Boves el Urogallo de Francisco Herrera Luque y esta lectura la reconcilió con la historia nacional y encendió nuevamente el fuego de su búsqueda de conocimiento.

Juanita, por amor, había cambiado sus propios colores, por lealtad a estas tierras dejó de ser gringa y pasó a ser más venezolana que una arepa. A sus 74 años y con un postgrado en la vida, continúa más activa que nunca tratando de “meter en la cabeza” de los ucabistas esa necesidad de conocer y entender de dónde venimos, que es para ella la única garantía de saber hacia dónde vamos y de cambiar el rumbo sí fuese necesario.

Hoy en día en sus horas de clase no deja de orgullosamente decir: “Ustedes tuvieron la suerte de nacer en Venezuela, yo decidí ser venezolana”.

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