Colillas ucabistas

Jesús Romero & Ma. Caterina Bruciapaglia

Fumar cigarrillos es definido por algunos como un habito, otros lo tildan de ser un vicio, ciertas personas lo hacen de vez en cuando o como dicen “socialmente”; pero no se puede negar que en la Universidad Católica Andrés Bello el consumo de tabaco es muy regular y no porque los variados cafetines vendan, sino por un negocio prohibido entre estudiantes, que sin embargo, es un secreto a voces. Los nombres de los entrevistados fueron cambiados para evitar repercusiones.

Roberto, comenzó a vender porque lo vio como una forma factible de generar ingresos, sea para cubrir con sus gastos o colaborar en un mercado. “La rentabilidad depende de cuanta gente conozcas y que tan social seas” aseguró. Vende Malboro Rojo, cuando consigue y Lucky Star convertible; en una semana normal llega a vender entre ocho y diez cajas, en época de parciales, hasta más de diez, asegura el estudiante.

Yenny inició en el negoció ya hace cinco años: “en el 2010 aun no había mucha gente que vendiera y como muchos de mis amigos fumaban, decidí comenzar a vender” relata la muchacha. En aquella época la caja de cigarros valía 10 bsf y cada cigarro lo vendía a 2 bsf. El secreto de su éxito fue que en lugar de gastarse la ganancia, la invertía en otra caja, incluso de otra marca, para así generar más dinero.

Yenny asegura que ella para calcular el precio, considerando la inflación que caracteriza nuestro país, intentaba siempre sacarle el 50% de ganancia a la caja. Pero cuando llegó la competencia, tuvo que bajar sus precios y empezó a perder “porque le quedaba producto”.

La estudiante de administración afirma que este no es un negocio rentable, al contrario, es muy inestable porque depende mucho del gusto del cliente, quien de un día para otro puede dejar de fumar y deja de comprar. Aun así sacó algo más que dinero de esta experiencia: “aprendí como se mueve el mercado y cómo manejar un producto, ahora incluso vendo helados en mi casa” puntualiza.

Legalizar ¿es posible?

Pensar en legalizar la venta de tabaco en la universidad es contrario a la política de sustentabilidad ambiental de la universidad, además, de un cambio en la norma sobre publicidad de tabaco y alcohol.

Rafael, lleva en la universidad alrededor de unos 4 años, y conoce bien el negocio irregular, no porque venda, sino porque consume. Piensa que legalizar la venta de cigarrillos sería beneficioso, para la universidad en cuanto a ingresos; y a los consumidores del campus; su amiga Laura coincide con él y agrega “aquí todos somos adultos” bastaría con pedir cedula para evitar vender a menores de edad.

Para oir las declaraciones de Laura haga click aquí

Una consecuencia de este pequeño mercado negro es la suciedad que genera, además del aumento de fumadores en las áreas más frecuentadas de la universidad, como la plaza de biblioteca y el anfiteatro a cielo abierto. Sin embargo otros estudiantes han buscado la manera de contrarrestar el problema y al mismo tiempo obtener ganancias, como fue la iniciativa de Happy Brownie, una marca de dulces que cambiaba los postres de chocolate por botellas de agua llenas de colillas. Laura dio fe de los resultados de la iniciativa, aseguró que esos espacios de la universidad estaban más limpios.IMG-20160112-WA0001

El plantel goza de una pequeña fauna domestica, entre ellos patos, monos, gatos y perros, que se ven amenazados por la contaminación que generan estos desperdicios. Las colillas de cigarro no son biodegradables, es decir, no se descompone a los agentes químicos que se encuentran en el ambiente, por ende las sustancias que emiten resultan tóxicas para el ecosistema, además que le resta un valor estético a la universidad.

Un artículo publicado en elcomercio.com explica que el filtro de las colillas está compuesto por acetato de celulosa y tarda más de cien años en degradarse y cuando entra en contacto con el agua libera los químicos más nocivos que se encuentran en ella.

Otro elemento que frena la legalización del tabaco en el plantel es el aumento -igual considerable- de fumadores pasivos, es decir personas que sin ser fumadoras están expuestas al ACHT siglas con las que se denomina el humo del cigarrillo. Este humo tiene la característica de que contiene sustancias más perjudiciales que el humo que aspira el fumador, por lo tanto las consecuencias son peores, por ejemplo: alteración respiratoria, cardiacas, otorrinolaringológicas e incluso cáncer de pulmón, así lo reporta la Asociación Española Contra el Cáncer.

Más allá de abrir una línea de discusión sobre si legalizar la venta del tabaco, las consecuencias que eso traería en cuanto la contaminación del campus y a la salud de sus habitantes, el mercado ilícito de cigarrillos va a continuar en pie, siempre que se cumpla las leyes básicas del mercado: oferta y demanda.

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