La Ucab vestida de vinotinto

Daniel Arismendi y Amilcar Peraza

Era el 11 de octubre de 2014, la selección venezolana de fútbol debía afrontar su partido número dos de las Eliminatorias Mundialistas rumbo a Brasil 2014, ante Argentina. La Casa del Estudiante estaba repleta, la pantallas de los televisores encendidas, en una tarde fresca que pintaba un panorama festivo para quienes allí estábamos. Con ese ambiente de algarabía y entusiasmo, se vivió una jornada memorable en la Universidad Católica Andrés Bello extensión Guyana, donde más de un centenar de estudiantes presenciaron un hecho histórico del balompié nacional, y todo desde nuestra casa de estudio.

Para mí, el día comenzó desde las siete de la mañana, cuando al sonar la alarma, desperté con la determinación de un niño en su primer día de escuela. Luego de una confortable ducha, la elección de la vestimenta no fue difícil, mi camisa vinotinto ya estaba pensada desde días anteriores, la tomé y emprendí el viaje hacia la Ucab, donde me reuniría con un grupo de amigos a mirar lo acontecido con nuestra selección.

Pese a que el juego estaba pautado para las 4:00 p.m, al llegar a la Ucab, un mar de personas se concentró en las tres pantallas con las que por entonces contaba la Casa del Estudiante. Las mesas de madera se llenaron en un instante y no quedó puesto para mi grupo, sin embargo, eso no nos detuvo, aunque sea parados, cumpliríamos con nuestro objetivo: ver a nuestro equipo.

La Vinotinto es una pasión tan grande como el país al cual representa. Esta premisa cobró imborrable dramatismo Cuando vimos a los jugadores saliendo por el túnel, recorriendo el campo y entonando las notas sagradas del Himno Nacional. “Salgamos a ganar, muchachos”, exclamó con gran euforia desde la parte más lejana de la Casa del Estudiante, uno de los muchachos que estaba presente.

Con el transcurrir del partido, el ambiente se tornaba tenso, aunque no era yo quien estaba jugando, mi corazón pasaba constantemente de la quietud al sobresalto. Fue en ese momento, al minuto 61 de compromiso, que Juan Arango –antes de su retiro–, cobró un córner, y Fernando Amorebieta, que estaba debutando con los colores venezolanos, se vistió de ángel, bajó del cielo y al más puro estilo de los videojuegos, la mandó al fondo de las redes con un cabezazo férreo y sin fisuras. Así terminaría el juego, que tras el silbatazo final, fue un momento inolvidable. La piel se me puso de gallina. Por primera vez en la historia, Venezuela le ganó a Argentina, era un batacazo y lo viví desde mi universidad.

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